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Micrófono de profesor: cuándo sirve y cuándo tapa el problema
Amplificar la voz resuelve muy bien un problema y empeora otro que se le parece mucho. La diferencia está en si la sala es ruidosa o es reverberante, y hay una prueba de cinco minutos para saber cuál de las dos es.
Los dos problemas que se confunden
Cuando en una sala «no se escucha», la causa es una de dos, y se arreglan al revés una de la otra.
- Ruido de fondo alto. La voz del profesor compite con algo: la sala de al lado, el patio, un ventilador. Subir el volumen de la voz por encima del ruido funciona: lo que importa es la diferencia entre ambos.
- Reverberación alta. La voz rebota y cada sílaba se superpone con la siguiente. Subir el volumen amplifica también los rebotes, así que la voz llega más fuerte y igual de pastosa. En salas muy reverberantes llega más fuerte y se entiende peor.
De ahí viene el resultado que desconcierta a mucha gente: se instala el equipo, se escucha más fuerte, y los alumnos del fondo siguen preguntando qué dijo. El equipo hace lo que promete; el problema era el otro.
Sala vacía, una palmada fuerte y seca en el centro. Si queda una cola de sonido que se alcanza a percibir después del golpe, la sala es reverberante: primero hay que bajar eso. Si la palmada suena corta y seca pero igual cuesta entenderse con la puerta abierta o con el curso de al lado en clases, el problema es ruido, y ahí la amplificación sí es la herramienta correcta.
Está desarrollado en por qué en una sala de 30 no se entiende al profesor, junto con los valores de referencia.
Qué gana un equipo de voz cuando el problema sí es ruido
Lo que se persigue no es volumen: es que la voz quede unos decibeles por encima del ruido de fondo de forma pareja en toda la sala. Eso trae dos efectos, y el segundo es el que suele justificar la compra.
- Los puestos del fondo dejan de ser peores que los de adelante. Sin amplificación, la voz cae con la distancia y el último puesto recibe bastante menos que el primero.
- El profesor deja de forzar la voz. Este es el punto que más pesa y el menos discutido: la disfonía es una enfermedad profesional frecuente en docentes, y una sala que obliga a proyectar la voz cinco horas al día es la causa. El equipo no está ahí para que se oiga más fuerte, sino para que el profesor pueda hablar en volumen normal.
Qué mirar, y en qué orden
| Decisión | Qué conviene | Por qué |
|---|---|---|
| Tipo de micrófono | De collar o diadema, inalámbrico | De mano no sirve: el profesor necesita las dos manos. El de solapa capta menos parejo al girar la cabeza. |
| Dónde va el parlante | Al frente, sobre la pizarra, apuntando al fondo | Si el parlante queda detrás del micrófono, el sistema se acopla y chilla. |
| Autonomía | Jornada completa, y carga en la sala | Un equipo que hay que llevar a cargar a otra parte se deja de usar en un mes. |
| Encendido | Un interruptor, sin menús | Entre bloque y bloque hay tres minutos. |
| Convivencia entre salas | Verificar que dos salas contiguas no se interfieran | Dos equipos inalámbricos en la misma frecuencia se cruzan a través del tabique. |
El efecto secundario que nadie anticipa
Si todas las salas de un pasillo amplifican, el ruido de fondo de cada una sube — porque el vecino ahora suena más fuerte. En colegios con tabiques livianos entre salas, equipar un pasillo completo puede dejar a cada sala igual que antes, con más equipos encendidos.
No es un argumento para no hacerlo: es un argumento para medir el ruido de fondo con las salas vecinas en clases, no en silencio a las siete de la tarde, que es cuando suelen hacerse las visitas técnicas.
Dos preguntas que ordenan la decisión, y ninguna necesita un especialista:
1. ¿La palmada deja cola? Si sí, el primer gasto es absorción, no amplificación.
2. ¿El ruido viene de la sala de al lado? Si sí, amplificar las dos salas puede
anularse entre sí.
Dónde queda la norma
No hay en Chile una exigencia de acústica interior para salas de clases: el D.S. 38 del Ministerio del Medio Ambiente regula lo que una fuente emite hacia sus vecinos, no lo que pasa dentro del recinto. Los valores que se usan como referencia —0,6 segundos de reverberación y 35 dBA de ruido de fondo— vienen de la norma estadounidense ANSI/ASA S12.60 y de las guías de ruido de la Organización Mundial de la Salud, y son una buena práctica, no una obligación legal.
Si en un proyecto aparece una exigencia de este tipo, viene de las bases de licitación o de la especificación técnica, y ahí sí es contractual. Conviene leerla antes de comprar: a veces pide una medición que ningún equipo de amplificación puede hacer pasar.